pctroll { jorge palacios }

desarrollador de juegos, programador, investigador de IA

El cargo es distinto al empleo

hamburguesa, cargo vs empleo, cualquier vaina

El otro día estuve en El León (un sport bar caraqueño, para quien no lo conozca) y fue divertido que, al retirarme, el mesonero que me atendió dió un ligero golpe a una mesa con la cartera esta que usan para entregarte la cuenta. Yo había ido a la barra a pagar con tarjeta de débito y no dejé propina. Imagino que fue una especie de reclamo diplomático; pero chamo… tú no te la ganaste. Cumpliste con el cargo, pero no con el empleo.

¿Qué quiero decir con esto? El cargo de mesonero en alguna parte debe decir algo como “llevar las comidas y bebidas de la barra a la mesa, traer de vuelta aquellos utensilios ya utilizados para el consumo, estar atento a pedidos” y seguro otras vainas más; eso realmente es lo de menos.

Al punto que quiero llegar es, a mi modo de verlo, que su cargo implica llevar tragos y comida a las mesas, pero su empleo es hacerme sentir a gusto, ayudarme a pasar un rato agradable con los panas. ¿Cómo no lo logró?

  • Me trajo los vasos y los refrescos, pero no me los sirvió (que no diga el típico “salud” lo puedo entender porque hay gente que no brinda).
  • Me trajo la pizza, los platos y los cubiertos, pero no tuvo la amabilidad de colocar un plato frente a cada comensal.
  • Era cualquier día “muerto” y había a lo sumo 5-6 mesas con gente. Días con las 30-40 mesas llenas, me han tratado mejor.

¿En qué me hizo reflexionar eso? Que lo mismo aplica para cualquier otro oficio o profesión. No es cumplir lo que dice un papel donde firmé, sino hacer las cosas bien. Yo puedo entender que no todo el mundo tenga las mismas habilidades y fortalezas para “entregar” o cumplir con algo (yo soy el primero que tiene que echarle un camión para organizar mejor su tiempo y definir prioridades, por ejemplo), pero es distinto tener dificultades y quedarte en el aparato.

Docencia

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Desde hace 5-6 años me he desempeñado como docente. Instructor, profesor, ayudante académico, ponle cualquier nombre; el caso es que he dado clases en distintas áreas y a público de casi todas las edades. Para nada me considero el mejor, pero sí me alegra poder decir que siempre he recibido un feedback positivo (bien por mi forma de hacerlo o algunos tips para sacar provecho de cosas buenas que tengo).

Lo anterior, más que para sacarte en cara que soy un duro, me tomo a pecho dar clases y me gusta, es para decir que siento que tengo bases para hablar del tema en cuestión porque tengo experiencia. Creo que todo el mundo debería darse la oportunidad de dar clases (al nivel que sea, de lo que sea -siempre que lo que vayas a explicar sea algo que te guste y te apasione-); vivir en carne propia las dos caras de la moneda cambia tu perspectiva (normalmente dejas de putear sobre los profesores y comienzas a pensar como ellos para estudiar los temas a evaluar).

Regresando al tema de la docencia, la actitud de algunos colegas me genera cierto ruido. ¿Por qué? Como lo mencioné antes, la responsabilidad del cargo es dar clases, pero mi empleo como docente es buscar mecanismos para que la gente entienda (la mayor cantidad posible). El concepto de “yo doy mi clase y ellos verán si entienden” es algo que reprocho fuertemente, ¿para qué te postulaste para un cargo como docente entonces? ¿te hace falta dinero? ¿no sabes hacer otra cosa? Bueno, tú agarras, te sientas y reformulas tu actitud (o plan de vida).

Por otra parte, el ente empleador debe tener filtros y monitoreos. No es suficiente con que una persona sepa, el conocimiento se adquiere; es la actitud y las habilidades de comunicación lo realmente importante. De nada sirve tener a un rockstar en nómina, si no va a tener la disposición de que los alumnos sean teloneros. Que lo logren es responsabilidad de ellos, pero nuestra tarea es darle las herramientas para que sean rockstars, y en el mejor de los casos nos superen.

Entre 2007 y 2008, cuando estaba dando clases de Inglés en el CVA, un gran amigo (y en ese entonces colega) me invitó a una charla en la UPEL de un profesor británico (realmente olvidé el nombre) llamada “Learning by doing”. Hoy día agradezco enormemente su invitación y haberme escapado de lo que sea que me tocaba hacer para poder asistir. Mi memoria me hizo olvidar la mayoría del contenido, pero los dos puntos más importantes me quedarán grabados siempre:

  • Se aprende mejor haciendo; así que hay que poner al estudiante a realizar un ejercicio bajo nuestra supervisión a fin de validar que entendió.
  • El alumno tímido de la esquina, al que le cuesta el contenido, es nuestra prioridad. El “alumno estrella” no es algo de lo que debamos preocuparnos.

Un pana con un doctorado en enseñanza de Oxford, creo yo, que no debe estar del todo equivocado al hablar del tema. Él nos dijo que el alumno estrella va a salir bien, hay que darle feedback positivo como a todo alumno, pero nuestra labor es ver el por qué los demás no están captando el contenido, buscar herramientas para llamar su atención por la clase y lograr que se integren. Debemos evaluar si somos nosotros quienes estamos fallando en dar el mensaje.

Finalmente, creo que un problema grave es la actitud de “yo soy más que tú/estoy por encima porque soy quien da la clase y tú eres estudiante” o “yo soy más que tú porque tengo un título de caracter superior para la sociedad”. ¿Y? ¿Eres de una civilización superior? ¿Naciste aprendido? Nos debemos respeto mutuo y punto. Los estudiantes se rigen por las reglas del profesor que tiene potestad en la clase, pero eso no da derecho a denigrar de ellos y el estudiante está en todo su derecho de dar opiniones objetivas, de forma diplomática eso sí, que crea convenientes para mejorar su proceso de aprendizaje. ¿Por qué es un problema? Cuando eres un douchebag la atención es mínima, van a tus clases por compromiso, por “vamos a ver si lanza prenda p’al examen”.

Por eso me gusta que me llamen por mi nombre, que me tuteen, porque la única diferencia entre ellos y yo es que tengo un conocimiento que bien vale la pena que ellos posean y superen. Por eso mi actitud es la misma que aprendí de Kathy Sierra; el mejor profesor es el que le demuestra a sus alumnos que ellos también pueden ser rockstars.

Programación

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Hace un par de años se me vino a la mente una cita que espero poder recordar siempre, y con la que varios amigos y colegas estamos de acuerdo (al publicarla tuve varios RT #fuckyeah), y es que “cualquiera puede echar código, pero no todo el mundo programa”.

Puedes llevarlo al ámbito que tú quieras: eficiencia, documentación, modelación, estructuración, legibilidad; cualquier elemento del que te hablen en una materia tipo Ingeniería del Software, Sistemas de Información o Diseño de Algoritmos (sí; porque tu jefe quiere que entregues la aplicación para ayer, pero igual te van a fastidiar cuando el número de usuarios aumente y el servidor no se de abasto con la concurrencia, o recibas reviews pobres porque la aplicación corre lento en dispositivos móviles de gama baja).

¿Saben qué me decepciona? “No lo toques, que ya corre”, u otro clásico “no se cómo, pero corrió y ahí está montado”. Estás echando código… Si no entiendes qué sucede, no te voy a decir que no entregues, pero tómate el tiempo para comprender el por qué ahora sí sirve y antes no (o por lo menos ahorita), porque ¿sabes qué? si el proyecto es grande, y seguirá creciendo con el tiempo, es bastante probable que tengas que volver a tocar ese módulo o función. ¿Es un proyectico “rápido”? Capaz te toque hacer algo similar después y seguramente quieras reutilizar código, mas debas ajustarlo a las nuevas necesidades.

Ya antes he hablado sobre la responsabilidad de documentar código y de adquirir herramientas que te permitan ser un mejor programador. Eso está bien pero, al mismo tiempo, parte de ser programador es tener la capacidad de ver un poco más allá del código. El código por el código es bueno para aprender, para experimentar, pero al final del día ése código tiene un propósito que hay que entender. Es la experiencia que se quiere lograr o transmitir; bien sea un juego o una aplicación tradicional.

Un programador no sólo echa código, sino que se sabe comunicar con otros colegas; tanto dentro como fuera del área. ¿Cómo adquieres la capacidad de entender enunciados, problemas de maratón y requerimientos? Eso no es gratis. De la misma manera ocurre en la otra dirección; es necesario saber preguntar, saber transmitir. Al final del día eso tiene repercusiones directas no sólo en la calidad del código, sino en la calidad del trabajo en equipo.

En éstas láminas del proceso de selección de Epic Games pueden ver que hay una sección donde es necesario que, tanto artista como programador, tengan un mínimo nivel de habilidades de redacción. Particularmente me he fijado que gente que admiro redacta muy bien (indistintamente del estilo); Ciro Durán, Ricardo Monascal, Cristian Caroli, por mencionar algunos oriundos. Y todos echan código al pelo. No me voy a poner a mencionar que si a Paul Graham, Jeff Atwood, John Carmack… ustedes seguro tienen un mejor arsenal de referencias.

Pudiera seguir trayendo ejemplos a colación, pero 3 hojas de Google docs son suficiente. Al final del día, ésas tareas y responsabilidades que aparecen en un papel llamado contrato son el medio y no el fin. Nuestro cargo (o lo que sea que estemos haciendo para ganarnos la vida) tiene alcances muchísimos mayores de lo que está a simple vista, y es nuestra responsabilidad hacer un esfuerzo por descubrirlo y hacerlo lo mejor posible.

Créditos imágenes: Celal Teber, Hotels in EastbourneKriss Szkurlatowski, Gabor Heja, fotomontaje: Christian Chomiak.

4 Comentarios

  1. Tu cheque sale mañana X-D Gracias por la referencia 😛

  2. Excelente post bro has dicho la pura verdad de todo!

  3. Excelente man! Totalmente cierto.

  4. 5MissBrightSide

    5 abril, 2012 at 5:11 pm

    Creeme que he pensado sobre eso que has escrito. Al parecer a veces la gente trabaja en cosas que no le gustan por un motivo u otro, pero eso no es excusa para hacer las cosas mal. Cada vez que la gente se quiera poner el parche, el loro y la pata de palo junto con el garfio, debe pensar si les gustaría que fueran así con ellos. Sencillo y obvio: "No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a tí".

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